Foxes – Glorious

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No es por nada, pero cuando hablamos de Foxes la conocían en su casa a la hora de comer (frase hecha a reivindicar), pero ahora, entre su propio material y buen olfato para colaborar con la gente indicada (Rudimental, Fall Out Boy, pero sobre todo Zedd), estamos ante una estrella emergente que puede que no lo pete con este Glorious, pero seguro que en el futuro seguiremos hablando de ella. Esto suena a conclusión final de reseña, sí, pero también nos sirve para introducir la visión y el equilibrio de una artista que no es ni lo suficientemente comercial como para alejar a un público fan de NME, ni lo suficientemente indie como para ahuyentar a los devoradores de listas de éxitos. La clave está en mantener una sección melódica muy pop y una voz un tanto O.T., junto con una producción más sofisticada e intrincada que la media y unas letras que no aluden a practicar sexo en un baño o desfasar hasta que acabas vomitando en todas las habitaciones de la casa.

Para los conocedores de su periplo artístico, cierto problema se atisba en el tracklist, ya que en su mayoría lo conocemos desde hace un tiempo, pero en general se ha recuperado lo mejor de su obra previa. Entre ellas, por supuesto, Youth, esa himno sobre la juventud, evidentemente, o al miedo a su pérdida, que sigue igual de fresco que hace un par de años, cuando se encaramó en la lista de nuestras canciones favoritas de 2012. A pesar de su calidad no ha sido la encargada de abrir el disco, aunque la nueva Talking to ghosts cumple su cometido en un ambiente entre exótico y esotérico, unas percusiones contundentes y unos arreglos electrónicos muy adecuados, sin excesos pero con presencia. White coats, proveniente de su EP Warrior, sigue brillando gracias al contraste entre estrofa y estribillo, mientras que Echo, que se lanzó como single independiente, resulta tan regulera como hace casi dos años, aunque se salva obra y gracia de un final efectivo.

Let it go for tonight, también del mentado EP, se acerca a la Florence del primer disco y mantiene el brío intacto, y Holding on to heaven, adelanto de Glorious, si convence es debido a la rimbombancia sonora, pero la ñoñería, que ya despacha en otras letras, en este caso se excede, y la melodía está más manida que la estructura de un capítulo de C.S.I. Los temas nuevos, aparte del que inaugura el álbum, también tienen su miga, como las balada Night glo, donde despliega, más si cabe, todo su talento vocal, o las baladas/medio tiempo Shaking heads o el tema titular, que aunque dé vergüenza cantar la letra del estribillo («no te des por vencido, es glorioso»), es precisamente este el que se gana nuestros corazones. Luego hay un par de tonterías anodinas con el nombre de Night owls early birds y Count the saints, pero nada dramático que desbarajuste el ritmo del álbum. Y no, Clarity no está, porque no pegaría ni con cola (en la versión deluxe aparece, pero en formato acústico).

Se trata de un notable disco de pop coherente, atemporal, sin pretensiones más allá de entretener y hasta emocionar en ciertos tramos, pero sin caer en vulgaridades, que a veces es divertido, pero que también pueden llegar a saturar hasta al perfil de público más comercial. Quizás se eche en falta algo de riesgo en el apartado de producción, que aunque cuidado, no aporta demasiado, y podía haber seguido la estela de Youth adaptándolo a día de hoy (tiene dos años y medio la canción), que en su momento resultó más sofisticado y moderno que la media, y en realidad ahora sigue manteniendo estas cualidades comparada con casi todo el largo. Pero bueno, al fin y al cabo se trata de una artista 100% pop aunque nos engañara ligeramente en sus comienzos, y como tal ha sabido llevar a buen puerto su primer largo, que como hemos mencionado al comienzo, seguro que no será el último, y posiblemente tampoco el que menos dé que hablar.

Puntuación: 7,2

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