Crónica Dcode 2014, Madrid

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Tras enterarme a las 4 del mismo sábado que mi solicitud de acreditación había sido denegada, al final decidí acercarme al Dcode 2014 ya que me dejaban una entrada baratita, confiando en que esta edición sería más cómoda tras el apocalipsis de la anterior. Efectivamente, debido a que el recinto era ligeramente más grande y que no se agotaron las entradas, todo resultaba más cómodo. El aumento de la cantidad de baños también ayudó a eliminar de un plumazo uno de los dramas del año pasado, y además había disfrutamos de bastante cobertura durante toda la celebración. Así todo resultaba la mar de cómodo y accesible, por lo que un aplauso a Live Nation (a pesar de que su departamento de prensa debería espabilar a la hora de informar a los medios).

La primera parada fue Francisca Valenzuela, que elaboró un setlist movidito para lidiar con un público que en general no conocía sus canciones. Mucho más guapa en directo, la chica se mostró cercana, incluso bromeando (la aclaración del significado de «rabo» en su canción Buen soldado), lo que unido a lo accesible de su propuesta, esta resultó notable aunque quizás un tanto intrascendente. Su voz a veces se veía eclipsada por la música, pero la sangre no llegó al río y en general el sonido se mantuvo a un buen nivel. A pesar de que coincidían casi en su totalidad, pude disfrutar del principio y final de Anna Calvi, todo un animal escénico que goza de una presencia que ya le hubiese gustado a la chilena. ¿Elegí mal? Puede ser.

El show de Bombay Bicycle Club empezó muy fuerte con los dos primeros cortes que abren su espléndido So Long, See You tomorrow, especialmente con la «sigurosiana» It’s alright now, todo un himno vigorizante que consiguió levantar los brazos a buena parte de los asistentes. A partir de Shuffle la cosa decayó un poco, y eso que se trata de uno de sus temas más conocidos. Cuesta abajo y sin frenos cuando los ramalazos guitarreros made in NME entraron en escena en What if. Es que incluso choca con la actitud de su vocalista, tan de no haber roto un plato, cuando saca su vena Brian Molko (esos dejes vocales), en un lapsus rockero algo forzado. A partir de la hortera y bailonga Feel se encauzó pero cierto gancho se había perdido en el camino. Quizás se trate de un setlist demasiado ecléctico para gustar a todo el mundo y no todas las piezas encajen del todo bien.

Royal Blood son supuestamente la revelación guitarrera de la temporada, y se notó en el aforo de su concierto, situado en el escenario más pequeño cuando quizás hubiese sido más conveniente uno de los grandes. Interpretaron con precisión su debut, pero el sonido se quedaba en los alrededores, a modo de burbuja, por lo que la fuerza de su propuesta se quedaba a medio gas. Quizás habiendo estado en primera fila todo hubiese sido distinto, pero aun así su presencia tampoco noqueaba y había algo muy mecánico en su manera de tocar. Son jóvenes, quizás más adelante revienten el escenario.

Otro problema era que si te situabas ligeramente atrás de la torre de sonido oías más a Russian Red que a las guitarras afiladas del dúo. Así que a mitad de concierto decidí tirar hacia el directo de la chica que tantos odios y pasiones levanta. Te podrá gustar más o menos, pero nadie puede poner en duda su presencia escénica, tanto cuando hay que meter guitarrazos de Agent Cooper, como cuando la delicadeza de clásicos como Cigarrettes nos pone la piel de gallina (aunque la chica ha adaptado la mayoría de sus clásicos a un sonido más rockero). El anochecer también ayudó en la progresión del recital, a todas luces notable, si no sobresaliente. Una pena que no tocara Xabier, que aparte de ser mi favorita del último álbum, quizás hubiera arrancado chascarrillos entre el público por su supuesto affaire con Xabi Alonso.

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En Jake Bugg como en Vetusta Morla un par de horas más tarde preferí irme a cenar y beber algo porque fan lo que se dice fan no soy.  Sin embargo no coincidían con absolutamente nada, ni con un mísero dj, así que al final tuve que escucharles, desde cierta lejanía, claro. La propuesta del inglés es hasta entretenida, con esa voz estridente que acompaña su eficiente folk rock. Los planos de las primeras filas repletas de niñas berreando sus canciones eran impagables, y es que la histeria resulta comprensible: es guapo a rabiar y su música no tiene mucho misterio. Por otro lado los madrileños suenan profesionales en directo, mucho mejor que otros coetáneos que se incluyen dentro del indie de masas nacional, pero en general me resultan bastante planos en su ejecución.

Antes de Vetusta Morla tuvimos a Beck, genio y figura, un showman sobre el escenario que hace de cualquier directo una maravilla del ritmo y conexión con el público. Incluso en el bis, donde durante quince minutos estuvo presentando a sus músicos mientras a modo de chorrada tocaban fragmentos de canciones ajenas (el teclista el tema principal de Superdetective en Hollywood, por ejemplo), no te aburrías un ápice. Pero por supuesto lo mejor fue el grueso del concierto. Abriendo la veda con Devils Haircut, encadenó éxito tras éxito (Gamma ray, Black tambourine, Hell yes, etc.), quitándose Loser a la primera de cambio, para que los que solo fuesen a escuchar su gran hit se largasen a beber y no dieran la tabarra.

Hablando de molestias, cuando interpretó tres temas de su nuevo disco junto a Lost cause, sección sosegada, claro, el público  no se impregnaba de su fina sensibilidad escénica sino que hablaban de su ligue de la noche anterior (como mucho, otros iban a tan hasta arriba de todo que no pasaban de indescifrables balbuceos). Y eso que estaba bastante cerca del escenario, no quiero ni imaginar por la torre de sonido y alrededores. Intenté desconectar y dejarme llevar (Wave fue para llorar) y el talento del americano lo consiguió. Aun así apetece que venga de gira a salas presentando en condiciones el gran Morning Phase. A continuación se centró de nuevo en temas más movidos como Timebomb y por supuesto Sexx laws para que el público no dejase de fiestear hasta el final. Así, tanto en su vertiente intimista como lúdica demuestra que maneja el cotarro como pocos. A modo de anécdota, en Think I’m in love incluyó estrofas de I feel love de Donna Summer, al igual que un año antes en el mismo escenario Franz Ferdinand. ¿Casualidad?

Una jodienda que Wild Beasts no fuesen programados por ejemplo con Vetusta Morla o Jake Bugg, porque seguro que su concierto fue una delicia. Pero era tarde y nuestro cuerpo quería petardeo. Para eso La Roux cumplió su papel, escogiendo lo mejor de su mejorable segundo disco, cortes que incluso ganaban en directo como Tropical Chancer (quizás funcionan mejor intercalados entre lo mejor de su debut que uno detrás de otro). Un sonido cristalino en los bombazos de su primer disco: In for the kill, Quicksand, Fascination o I’m not your toy, y por supuesto Bulletproof para terminar. Quizás se echaba en falta cierta novedad en estos antiguos temas, ya que todo sonaba un poco en piloto automático. Obviando estos «peros», se trató de un jolgorio pop muy aprovechable, y además a Elly se le ha quitado la cara de rancia, y sin ser la alegría de la fiesta, se notaba más segura y resuelta que hace años.

Después de un concierto algo desangelado en Primavera Sound, en Dcode CHVRCHES convencieron al 100% a (parte) un público que se deshacía entre sus adictivos ritmos electrónicos (para otros quizás no resultaban no suficientemente tralleros para esas horas). El sonido brilló por su claridad (en Barcelona retumbaban los bajos que daba gusto), Lauren estaba más animada que de costumbre y además tocaron Tether, que Dios sabe por qué la obviaron en el escenario Pitchfork (el gran riff final de teclado fue EL MOMENTO). Quizás porque era su último concierto en Europa lo dieron todo y más, confeccionando un setlist perfecto, con momentos memorables como Recover o We sink (un solo álbum, pero con tantos hits que haría sombra al directo de casi cualquier popstar con varios largos a sus espaldas). Ah, y por supuesto no faltó el gran Martin y su peculiar baile en Under the tide. Joya tras joya que conformaban un brillante y pulido collar que finalmente ha ido parejo con la calidad de sus canciones. Y un amigo y yo comentando que el escenario se les iba a quedar grande, ¡ja!

Para terminar me decanté por Ocho y Medio Djs, que salvo alguna novedad como Do it again, tiraron de un repertorio bastante trillado (algo que por otra parte se veía venir). Para estar un rato, bien, pero ya tocaba volverse a casa.

fotos: Dcode

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