Merchandise – After the End

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No me gusta comparar los últimos trabajos de las bandas con sus anteriores.

¿Qué sentido tiene? ¿Por qué todo tiene que ir en una tendencia tan segura?

Más en este siglo que es una tormenta de cambios de opinión y de estados; si nos pervierte que nos juzguen por nuestro pasado, ¿por qué hacer lo mismo con la música? ¿No la hacen las personas? Con sus idas y caídas, y sus venidas y dispersiones; así que intentaré obviar las raíces post-punks de Carson Cox y centrarme en exclusiva en su nuevo disco. Además, en una entrevista previa al lanzamiento de After the End ya comento que: “Se trata de una nueva banda con el mismo nombre.” Él no tiene miedo a cambiar. No engañaba a nadie, sólo a quién se deje llevar por el vahído de la memoria.

Eso sí, tiene otros miedos. Y quizás no posee el tonelaje para expresarlos del todo. Si ya en In the Dark, Children of Desire y Totale Nite (sus predecesores) hacían malabares entre múltiples influencias del pop británico de los ochenta y una acusada melancolía, su último trabajo es en esencia pop. Suave y desnudo.

Merchandise nos introduce a su nuevo mundo a través de un pasillo (Corridor) instrumental del que cuelgan cuadros gastados por el tiempo alumbrados con una tenue luz. Es un comienzo sugerente que te prepara para lo mejor. Que podría sentar las bases para reconciliarte con cualquier enemigo (Enemy), que es a su vez el nombre del segundo corte. La primera frase del álbum que sale de los labios de Cox es seguramente la más neta, directa y bonita de todas:

If I’m what you say, I say I am.”

Y puede englobar de qué va a ir todo esto: desamor, esperanza y miedo a estar solo.  A partir de ese tema es como si fuera perdiendo fuerza deshinchándose.

En la parte central del álbum, que contiene las canciones True monument, Green lady, Life outside the mirror y Little killer, los ritmos comienzan a ser aún más lentos, las influencias de The Cure y The Smiths cada vez más visibles (demasiadas, a mi entender similar a un monje copista desganado) y suenan como deslizándose en una sordina; la elegante voz de Cox no llega ni siquiera a atisbar las entrañas a través de letras costumbristas y más propias de un avanzado niño de primaria que de alguien de su bagaje, llegando al ejemplo más claro en temas como Looking glass waltz o Telephone, que podría haber dejado sin cobertura en el estudio y haberse hecho un favor:

And I wait and I wait and I wait by the telephone

And I call and I call, but you don’t

And I wait and I wait and I wait by the telephone”

Waiting on your call.”   

El finale de After the End nos deja la canción –homónima- más rica en matices y propuestas de todas. La que intenta con mayor sinceridad y oscuridad atravesar la superficie ordenada de un disco hecho desde el dolor sin ser agónico. Que muestra la pena pero no el sufrimiento. Y es escuchándola donde más te das cuenta que hay artistas que no les llega con desnudarse y encajar con cuidado las piezas, sino que es necesario desgarrarse asimismo la piel para que el resultado sea creíble y/o contundente.

Su último corte, Exile and Ego, es una alegoría casi mística donde la banda de Cox pretende despedirnos con un sentimiento de paz sobrecargado.

En definitiva, es un disco que llegará y gustará a mucha gente, que podría sonar en la radios de medio mundo porque es un trabajo que bien hecho  y no tiene chapuzas o dudas en los acabados. Puedes imaginarte escuchándolo un domingo de resaca junto a una chica dulce. Hasta que al poco te das cuenta que en realidad no te gustan tanto las chicas dulces que sólo están ahí embelesadas en su dulzura.

Y es que After the end está hecho para satisfacer a un amplio elenco de gentes. Pero habrá otros que necesitemos algo más para enamorarnos.

Putnuación: 7

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