Levon Vincent – Levon Vincent

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Levon Vincent presentó su primer álbum con las siguientes palabras: “Esta música es para los patitos feos del mundo. Si usted es miembro de ese montón de ratas que husmean alrededor de un contenedor de basura junto a otras ratas que compiten por el poder, usted puede, por supuesto, escuchar este álbum, pero debe saber que esta música no es para usted, sino una acción contra usted”. Tras esta declaración de principios, Levon Vincent nos sorprendió regalando el álbum por WeTransfer a sus seguidores de las redes sociales un día antes del lanzamiento oficial en vinilo a través de Novel Sound (aunque ya lo ha retirado, una pena).

El esperado primer álbum del productor neoyorkino consta de once canciones, y las piezas que introducen este trabajo son The beginning y Phantom power que recuerdan a unas melodías huérfanas de Gary Numan ancladas en la época disco. Le sigue Junkies on Hermann Street, una pista donde Levon demuestra esa cualidad innata que tiene para producir techno lento y denso, del guarrete. Cuando la escuchas recuerdas inevitablemente los rincones más oscuros de Berghain mientras que tu cabeza es atravesada por sonidos secuenciados de disparos, brazos mecánicos y soldaduras electrónicas. Una puta locura, tete.

Launch ramp to the sky es posiblemente la pieza que más llama la atención de este trabajo, con una sucesión de acordes ascendentes y un platillo dan paso a un callejón sin salida estilístico donde los sintetizadores buscan una escapatoria a la desesperada. Vincent somete al oyente a la fragilidad emocional que construye durante los 11 minutos que dura la pista para terminar con unas voces de coro celestiales que anuncian, de alguna forma, la llegada al paraíso eterno. Este canto angelical da paso a For Moma, my beloved cat, donde apuesta esta vez por una estructura minimalista que recuerda a una pieza perdida de Brian Eno o David Borden.

Con Her light goes through everything y Black arm W/Wolf volvemos a pisar los terrenos farragosos del techno lento. Sin embargo, este paisaje arisco da paso con Confetti a una estructura más orgánica donde un gemido entrecortado seduce al oyente y un burbujeo imprevisto parece alimentar el deseo que espera su resolución bajo la presión de un sonido pendular constante. De golpe, este espacio intimista se desploma y es el turno de Anti-corporate music y Small whole-numbered ratios donde volvemos una vez más al techno espeso con sonidos industriales.

Cierra el álbum Woman is an angel, donde Vincent parece agotar en este track el techno denso entretejiéndolo con lo que parece un instrumento de viento castrado. En el nombre elejido para esta pista hay una clara alusión a su pasado y es que ya nos deleitó en 2008 cuando lanzó su Woman is a devil, dura de roer como ella sola.

“Himnos de club inteligentes” es como se podrían etiquetar las once pistas que conforman este primer álbum homónimo. El neoyorkino se desarrolla en él como ese prodigioso productor ecléctico y sensible que es. El autor de grandes temas recopilados en sencillos como Man or mistress (2011), Double jointed sex feak (2009) o Love Technique (2005) adopta un estilo más refinado cercano a productores como Kassem Mosse sin caer en la sobreteorización de la pista de pista de baile. El resultado es un trabajo equilibrado que permite cierta versatilidad de momentos, con sus subidas y bajadas, pero siempre sorprendente y donde todos los tracks reúnen parte de esa esencia intangible que sólo Levon Vincent sabe impregnar tan personalmente.

La publicación en un formato físico en auge, como es el vinilo, no está exenta de debate. Vincent pertenece a ese mundo del house y el techno subterráneo donde la insignia de «sólo de vinilo» se usa a menudo para sugerir algún tipo de autenticidad. La liberación de su música en MP3 de forma gratuita podría ser visto como un acto transgresor. «Esto es música para los patitos feos del mundo», decía y a su vez decidió titular una canción Anti-corporate music. Visto en perspectiva, sus declaraciones parecen criticar un ecosistema donde la filosofía de un formato está envuelta en la especulación entre coleccionistas y que por suerte, cada vez más sellos (entre ellos Lobster Theremin) intentan combatir publicando sus vinilos para descargar en versión MP3. Invirtiendo el binomio demanda/oferta se evita que terceros obtengan beneficios a través de la especulación y, con un formato tan fácilmente disponible como el digital, se facilita la distribución. Así, la gente que vive lejos de tiendas de discos o centros de distribución puede acceder a estas creaciones sin demorar mucho la espera o ver como la mitad de su sueldo se lo chupan los gastos de envío o la avaricia de unos avispados. Está claro que no vivo en un país subdesarrollado, pero vivo en Murcia y, aunque esté a favor del formato físico por su perennidad, este tipo de iniciativas se agradecen mucho.

Levon Vincent forma parte del cartel de la primera edición de MBC Fest.

Puntuación: 8,5

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