La exasperante dictadura de los cabezas de cartel

Con el anuncio de la Welcome Party de Mad Cool 2019, leí en el post de Facebook del festival uno de esos comentarios que llaman la atención por absurdos. Su autor decía algo como que estaba indeciso por si asistir o no, pero que ahora que se había confirmado a Rosalía, tenía claro que finalmente no. No es la primera vez que leo este tipo de opiniones, pero en este caso era todavía más un sin sentido cuando forma parte de una jornada aparte del festival principal. Además de que obviamente había opinado habiéndose leído solo el titular (esa plaga), parece como si una única confirmación fuese capaz de contaminar un cartel con decenas de nombres. Incluso aunque parte del festival pueda contar con algunos que le agraden, la supuesta dignidad de este tipo de individuos está por encima.

Otro comentario en el mismo post, de nuevo desprestigiando a Rosalía (entonces toca odiarla, ¿no?), aludía a que qué pintaba en un festival de rock. En este caso me vi en la necesidad de contestarle espetándole que desde cuando el Mad Cool era un festival de rock, que si lo que quiere es eso, que se vaya al Download Festival. Y aunque es cierto que generalmente los cabezas han tirado más hacia el rock y derivados, el resto del cartel siempre ha destacado por su eclecticismo (a veces quizás demasiado, intentando contentar a demasiados frentes). No era la primera vez que leía algo similar, pero como ya estaba caliente, la indignación me salía por las orejas.

Sí,  este es el mismo público pureta que tantas y tantas veces hemos mencionado en la web. Es un tema recurrente, pero es que se lo ganan a pulso. Como también por el hecho de que se hayan quejado de que el festival madrileño no goza del cartelón de anteriores ediciones. Parece que The Cure, Smashing Pumpkins o Iggy Pop no son suficientes para su corazoncito rockero, y no llegan al nivel de otros referentes del género tan populares como Foo Fighters, Green Day o Kings of Leon en 2017 y Pearl Jam, Depeche Mode, NIN o Queens of the Stone Age el pasado año. ¿Y el resto del cartel? Como si no existiera, obviamente.

Al final recuerda al ejemplo anterior sobre leer solo el titular: quedarse únicamente con la letra grande. Aunque en este caso posiblemente no conozcan la mayoría del cartel y no suelen ser del perfil de ponerse a descubirlo. No pasa nada, si no te compra de primeras, no tiene por qué apetecerte indagar, pero quizás antes de soltar pestes, habría que informarse un poquito. Pero ya se sabe que la opinión es como el culo: todos tenemos uno. Porque los cabezas no definen a un festival. O no al 100% al menos. Porque, ¿J. Balvin define el Primavera Sound 2019? Se trata sin duda de una declaración de intenciones, pero para ya.

El festival barcelonés, con una estrategia más radical, aunque quizás también con un público algo más abierto, también ha sufrido lo suyo (lo comido por lo servido). Y ahora, por lo visto según algunos, estamos ante un festival de reguetón, con gente vendiendo sus abonos indignados como si se acercase el apocalipsis y deshacerse de él fuera su única solución de salvación. Y entoncesel argumento de que el target del festival esmenos prejucioso y con más ganas de investigar su cartel pierde fuelle. Incluso aunque sean conscientes de ello, a muchas personas les pesan más los cabezas. En este caso, más que en el Mad Cool, ya que, debido a su mayor antigüedad, se sienten directamente traicionados. Así de dramático es todo. Rocío Quillahuaman lo plasmó a la perfección hace unas semanas.

Es verdad que en esta dictadura de los grandes nombres los festivales a veces van a provocar, como cuando por ejemplo Sónar confirmó a Two Door Cinema Club, que no pegaba ni con cola y no fue un camino que hayan vuelto a transitar. Simplemente se presentó como una manera de captar público casual, y aunque no justificaba la no asistencia solo por su presencia, obviamente, se les vio el plumero demasiado. En el caso del Primavera Sound más de uno quizás opine que su organización también busque lo mismo, pero no ha sido un nombre, sino un giro bastante acentuado y lo han sabido justificar con maestría. El factor riesgo ha sido indudable; porque al final lo fácil habría sido tirar del rock alternativo y a correr (aunque llega un momento en que los nombres importantes se acaban).

Quizás, como algún festival ya hace, se debería presentar el cartel por orden alfabético, todos los nombres con la misma tipo. No va a solucionar el problema, pero al menos muchos deberán leérselo entero y no dárselo todo mascadito. Aun así los medios, que vamos a lo fácil, siempre terminaremos destacando unos sobre otros en titulares que impedirían que muchos lean el cuerpo de la noticia si los cabezas no les llaman. Así que, sí, básicamente se trata de una guerra perdida. Sin embargo a estos individuos les pueden dar por saco, lo que importa es que los festivales hagan oídos sordos y no se vendan a ellos.

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