Lo que el capítulo de Miley Cyrus de Black Mirror dice de los fans de la serie y su creador

No hay duda que la última temporada de Black Mirror ha demostrado que la fórmula se está agotando. Los tres capítulos que la conforman (cuatro en realidad, ya que Bandersnatch forma parte de oficial de la misma) no han recibido excesivas alabanzas. Pero si hay uno que realmente ha generado un tsunami de odio en su expresión máxima, y «mehs» en la mínima, es Rachel, Jack and Ashley Too. O como muchos le llaman, «el capítulo de Miley Cyrus«.

Hay que reconocer que el capítulo es un desastre, especialmente por el tono más sombrío del comienzo, más fiel a la serie, y el giro hacia la comedia alocada adolescentes de la recta final (podrían haberlos entrelazado de manera más natural o optar por uno o por otro). Pero este artículo no trata de eso, sino de las críticas recibidas por otros motivos. Porque Miley Cyrus estará crucificada de por vida como estrella Disney y como zorra pop. De primeras ninguna de las dos tiene nada de malo (bueno, quizás un poco la primera, por eso de que Disney es el mismo demonio), pero es que además da igual lo que haga con su carrera, la hija de Billy Ray nunca se va a quitar ambos san benitos de encima. Y claro, si la mezclas con una serie tan venerada como Black Mirror, muchos se van a echar las manos a la cabeza.

Puede que se trate del peor capítulo de todos, pero si es así no está muy por debajo de Smithereens, que aunque es posiblemente el más Black Mirror, también es el que menos se sostiene en su conclusión (y es el que más puntuación tiene). Al menos en el de Miley el uso de la tecnología no es circunstancial como aquel (y en el que meten un tanto con calzador en la última escena para que así parezca que goza de un peso que en realidad no tiene). Sin embargo al perfil de espectador fan (o talifan) de una serie de culto como esta no aprecia demasiado el pop, porque Black Mirror es supuestamente muy profunda y el pop es superfluo. Incluso aunque el tratamiento del mismo en el capítulo hubiese sido más acertado, las críticas posiblemente se mantendrían casi inalterables.

A eso hay que sumarle el hecho de tomar canciones de Nine Inch Nails y popizarlas, lo que para algunos es sacrilegio. Rock convertido en pop, la fatalidad. Y eso que a Trent Reznor le ha parecido más que bien, quizás por el toque irónico de las letras. Lo curioso es que, al final la serie se alinea con este tipo de público, renegando del pop y relegándolo como algo de niñas ñoñas y (SPOILER ALERT) convirtiendo al personaje de Miley en una rockera de tomo y lomo, que era el verdadero camino que ansiaba tomar. Lo que da que pensar que el mismo capítulo valida el rock y desprestigia el pop, del que siempre hay un detrás una maquinaria manipuladora y deshonesta, mientras el rock es más puro y auténtico. La misma monserga de pollavieja de siempre. Y más si hay chicas adolescentes de por medio, porque ya se sabe que la música que escucha una chavala de 15 años es boba y estúpida.

Así que, paradójicamente, los fans están echando pestes de algo que en realidad defiende lo que ellos apoyan, pero que quizás, como sucede en el último minuto del capítulo, no compensa la supuesta tortura pop que han sufrido antes. Eso o que, aunque la Miley se vista de cuero, Miley se queda, y no cuela ese giro final. Y es que, aunque se trate de un personaje ficticio, incluso por mucho que se base de pasada en sus vivencias en el mundo de la música, no consiguen separar ficción de realidad. Eso o que son lerdos y no pillan el mensaje del capítulo, que realmente más rancio no podía ser. Y he de decir que me sorprende para mal viniendo de una mente tan supuestamente adelantada a su tiempo como la de Charlie Brooker.

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