Love the Tuenti’s Festival, Madrid: el súmmum del fastfood de la nostalgia

Desde hace no demasiado, la promotora Sharemusic! ha explotado con gran éxito los eventos musicales donde artistas populares durante los 90 o los 2000 tocaban uno detrás de otro única y exclusivamente sus grandes hits (una media de 3 canciones por cada uno). Love the Tuenti’s Festival era posiblemente su evento más ambicioso hasta la fecha, y quizás por ello la organización no brilló tanto como se esperaba. 

De primeras ya había puestos en los que a primera hora ya no vendían tuents, la moneda de cambio del festival, o algunos no aceptaban tarjeta porque no llegaba la cobertura. Conclusión: importantes colas para pedir algo (bueno, y colas también en los baños). Y claro, era imposible no pedir algo, ya que con estas temperaturas el agua se antojaba imprescindible. Porque había que comprar agua sí o sí, porque, sorpresa, no había fuentes disponibles. Un disparate con casi 40 grados. Así luego vi a una ambulancia cruzar el recinto, y me apuesto el cuello a que se trataba de algún caso de deshidratación. Y bueno, el tema del precio del agua, a 3 euros, algo que no es exclusivo de este evento, es para hacérselo mirar.

Por suerte dos de los tres escenarios eran internos y el aire acondicionado salvó la jornada. Así, casi ni me acerqué al Escenario Playa, el de la pachanga, vamos. Lo poco que estuve Pepino y Crawford amenizaban con bastante tino kitsch las pausas entre conciertos, y Rebeca «duro de pelar» (que también actuó, aunque no la vi), solvente como maestra de ceremonias. Sin embargo el sonido del escenario distó mucho ser el deseado, especialmente cuando salieron Azúcar Moreno (que además tenían actitud de «yo pasaba por aquí»), que resultó nefasto. Por suerte Las Ketchup no sonaron del todo mal, fueron un amor y «Aserejé» es una de las mejores canciones de la historia del pop español (sin ironía). Este escenario, por cierto, se podía considerar como un preludio del Orgullo, tanto por programación, como por público.

Ese tipo de público, que chocaba frontalmente con el del Escenario Dance, donde más tiempo estuve. Ahí todo era más choni, tanto que hasta viví en la barra un movidón entre un cliente y una camarera que casi acaba como el Rosario de la Aurora. Al final el eclicticismo de público resultaba curioso, pero incluso algo perturbador. Porque además en el Pop también había mucha chica pija y ñoña (especialmente cuando casi morí aplastado por la horda que corría hacía el concierto de Alex Ubago).

Y siguiendo con el Escenario Pop, sabía que no lo iba a pisar casi (y eso que era el más fresquito y el más accesible a la hora de ir al baño). Pero al final no lo pasé mal con Natalia y sus dos hits, pero fue salir Kiko y Shara y pensé que «enough», aunque un rato más tarde volví desde el Playa al baño del Pop y escuché un par de temas de Iguana Tanga. Pero vamos, perfectamente prescindibles.

Respecto al Dance, la mayoría de nombres no sabía ni de dónde venían, pero cuando salía a la palestra la cantante equis interpretando las dos o tres canciones que les tocaba, entonces soltaba «ah, coño, esta la conozco». Y con un esperable concepto de directo enlatado (salvo alguna guitarra o percusión de vez en cuando), fue aquí cuando más disfruté de aquel sentimiento de nostalgia que buscaba, incluso aunque esa música tampoco fue la que más bailé en mi juventud. Al final todas eran del mismo palo, y parecían cantadas por la misma mujer, pero daba igual, la fiesta estaba servida, y la puesta en escena generalmente era la bomba (salvo alguna horterada visual). Estaba tan en piloto automático que incluso la valorable propuesta de Safri Duo, mucho más en directo que la mayoría, me cortó algo en rollo. Lo mejor para mí, sin duda, Kate Ryan. Mi marica dance interno estaba dando palmas. 

Al festival fui más porque me lo propuso una amiga que por otra cosa, ya que no caso demasiado con su propuesta, pero como experimento sociológico, más que musical, resultó interesante. Pero, seamos sinceros, dudo que vuelva. Eso sí, de sus más de 30 mil personas congregadas seguro que un buen puñado regresan, lo que augura más éxitos futuros. Y como plan de despedidas de soltero es un filón (no es broma, pude ver unas 10 o así).

fotos: Jorge Slu

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