Ladytron en Shôko Live, Madrid: encapsular la nostalgia

Ocho años después de su anterior trabajo, y quizás cuando apenas nadie lo esperaba, Ladytron nos presentó su último álbum -el sexto y de título homónimo- en una casi repleta sala Shoko tras la relocalización del concierto desde La Riviera.

Así, a las 21:40 hs una contundente Black Cat fue la elegida para que -sin miramientos- al frente del grupo vía voz y sintetizadores la licenciada en Artes Helen Marnie y la licenciada en Bioquímica (y elegante hasta casi darte arcadas) Mira Aroyo, nos avisaran de que la solvencia y la despreocupación que te da la madurez iban a ser las claves de esta perezosa tarde de domingo madrileña.

Ladytron, herederos de Roxy Music, eclosionaron a principios de siglo -época dorada de la electrónica- donde florecen y, lo más importante, cohabitan toda clase de otrora experimentos: desde el techno industrial más mínimo y oscuro, beat imposibles de blancos de clase media que se daban la mano con el drum and bass de los negros de extrarradio y tantos etcéteras, llegando hasta el chill out si quieres, y han sabido mantener y a la vez evolucionar ese aire naive, y ese sonido pop electrónico tan simple y delicado que llevan veinte años ofreciendo con clase. Lo recalco porque es complicado unir electrónica y pop y que el resultado tenga clase y no sea un pastel gigante tipo: (insertad aquí 5 grupos que se han pasado por tu cabeza).

Con el obvio aunque ligero incremento de oscuridad que te da el paso del tiempo, han estructurado un set sólido como el granito donde nuevos temas como The Island y Paper Highway pueden dejarte hasta un mejor sabor de boca que los temas antiguos y más conocidos que los precedían: Ghosts y Runaway, en este caso. Así lo corroboraba el sudor que iba acumulándose en el suelo de la sala.

Sin concesión a un alargue innecesario pero tampoco al descanso entre tema y tema, nos despidieron con el primer momento álgido de la noche: la combinación en cadena de una perfecta International Deadline, una sorprendente You´ve changed y por último Discotraxx, con voces de Mira Aroyo en su búlgaro natal.

Volver al escenario y decir adiós con Seventeen y Destroy Everything You Touch fue su manera de encapsularnos a un tiempo donde sólo nos sacaban de clubes y afters cerca del mar si nos engrasaban suavemente los oídos con temas como los mencionados. La inmensa mayoría del aforo sobrepasábamos los treinta y cinco y era casi imposible no palpar la nostalgia hacia otros veranos.

Sé que puede entrar la subjetividad del cariño que tienes a grupos que aparecieron cuando casi todos eran pioneros y se han ido manteniendo esbeltos con el paso de los años, pero es innegable que fue un buen concierto, sobrio y sin reproche. 

Como un domingo de verano en la jungla de cemento.

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