¿En qué punto comienza a «flopear» una estrella del pop masiva?

En el mundo del pop, y más concretamente en el del público pop marica, se explota el concepto «flop» hasta la extenuación. A veces con acierto, pero la mayoría de manera totalmente descontextualizada y basada en la animadversión de un individuo hacia equis popstar, casi siempre mujer (¿una actitud machista o simplemente porque las estrellas del pop masculinas nos la reflanflinflan?). Y dentro de toda esta subjetividad, resulta todavía más complicado de afirmar el punto en el que comienza esta supuesta decadencia (generalmente comercial, ojo, que parece que la calidad artística a veces importa bien poco). Al final la respuesta es de lo más variable, y todo depende a quién preguntes. Y a veces hasta los datos no resultan tan fiables y objetivos.

Últimamente Taylor Swift está en el punto de mira en este asunto. Lover ha obtenido unos números espectaculares para lo que se estila a día de hoy, pero algo bajas para lo que se espera de ella. Algunos ya enarbolan la bandera del flop, pero también es cierto que el mercado musical es más variable que la ideología de Ciudadanos. Habría que ser casi matemático y conocer y ponderar decenas de datos y variables para obtener una respuesta que se acerque mínimamente a una verdad más o menos objetiva. Sin embargo, obviando temas de números, hay algunos factores que pueden indicar, al menos por encima, el comienzo de la bajona. Una bajona por la que muchos matarían, claro.

En el caso de Taylor Swift ha sido muy evidente en muy poco tiempo, reuniendo varios cliches de este tipo de pesquisas. Después de que Reputation vendiera menos de la mitad de 1989, la artista comenzó a mostrarse algo más abierta, pero aún tímida, en sus opiniones políticas, pero ya era más de lo que había declarado con anterioridad (cuando las elecciones de 2016, le echaron en cara el nulo posicionamiento político). Pero quizás, cuando sabes que has alcanzado el punto álgido de ventas y popularidad, te sientes mucho más libre para ser tú misma, y poco a poco fue abriéndose en este aspecto, posicionándose firmemente en el espectro demócrata, cuando, por su origen country, gran parte de su fandom posiblemente votó a Trump.

La sensación de sentirse más libre es uno de los aspectos más positivos de, supuestamente, «flopear». Taylor lo sabía y siguió con su actitud cada vez más política, con el punto álgido en la canción y vídeo de You need to calm down, donde retrataba la inquina de ese Estados Unidos redneck en un alegato a favor del colectivo LGTB. Y aquí llegamos a otro de los elementos clave de esta «decadencia» autoconsciente: virar hacia el colectivo LGTB, o, siendo más sinceros, gay. El problema del pop es que el público fiel es escaso, salvo en este sector. Para qué intentar lidiar con la masa cuando una buena parte está perdida. En su caso, obviamente, todavía no es así del todo, pero quién sabe en el futuro, por lo que mejor ganarse ya a este bastión; porque anticiparse con tiempo es la mejor estrategia. No quiero decir que Taylor sea más falsa que una moneda de tres euros, y sin duda siente este apoyo. Pero tonta tampoco es.

Otro asunto es el hecho de intentar que Me! llegase al 1 del Billboard Hot 100 con todo tipo de estratagemas (como tropecientas versiones del single o enviar DM a los fans que se sacaran una foto con el disco). Con ello se percibió cierto clima de desesperación (y finalmente se quedó en el 2 además), cuando tampoco es que ella sea una Rihanna con números uno como churros. Al final estamos más ante una artista de discos, pero porque no había gira a la vista por aquel momento, sino hace la de incluir el álbum con cada entrada para que así suban las ventas como la espuma. Ya hemos visto episodios de otros artistas que hasta se han cogido un cabreo del quince cuando se han quedado sin su ansiado número uno. Taylor parecía hecha de otra pasta, pero al final todos entran en el juego. Al menos ella no ha mostrado de manera pública ningún tipo de resquemor, gracias a Dios.

Hablando de giras, acaba de anunciar una internacional con la que pasará por varias ciudades de Europa. La gracia es que actuará en festivales, salvo en Estados Unidos, que parece que va a organizar uno propio. Si en los países anglosajones no se encuentra en el súmmum de su carrera, en Europa todavía menos, por lo que una gira por estadios quizás se quedara a medio gas. Para qué arriesgar si el formato festivalero asegura ingresos fijos y que ya de por sí compensan la inversión. Y, sinceramente, a nosotros nos viene hasta bien, porque sino no la veríamos el pelo. Por ahora estará en NOS Alive en Oporto, que ya es más que en los últimos tours, pero aún faltan fechas por conocer, por lo que muchos cruzamos los dedos con que España finalmente sea una de las elegidas.

Y finalmente, el hecho de terminar como mentora en La Voz yanqui tampoco es un síntoma demasiado halagüeño. Eso sí, solo como asesora, no con equipo propio (eso ya sonaría a mendicidad pop total), y sin embargo, posiblemente se trate de una primera toma de contacto con lo que le deparará el futuro. Un futuro que, como ya dije en el segundo párrafo, mataría más de una. Por ahora Taylor es posiblemente puede seguir presumiendo de ser la actual reina de pop, pero los síntomas de agotamiento comercial son evidentes. Y quizás en estos puntos expuestos se atisba ese momento en el que sabes que a partir de ahí todo va cuesta abajo y sin frenos. Porque mantenerse o volver a la cima se antoja una tarea titánica, casi imposible. Por lo que al final todas y todos flopean. Es ley de vida.

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