El r’n’b y (sobre todo) el pop necesitan urgentemente de la electrónica francesa

Hace unas semanas Frank Ocean declaró que su nuevo y esperado disco está en proceso, y que estará fuertemente influenciado por las «escenas de Detroit y Chicago” y por el “tecno, el house o la música electrónica francesa”, amén de otras “ramas de la vida nocturna”. Por una parte resulta curioso que el artista se vaya a decantar por la música de baile (que luego habrá que esperar a ver si realmente se traduce en el resultado final), pero lo realmente interesante de estas afirmaciones es la presencia de la electrónica francesa en la receta.

Los yanquis no son muy dados a mirar a Europa a la hora de inspirarse para el arte en general y la música en particular, o más bien fijarse en lo que se cocina más allá de Reino Unido (como mucho te plantan remakes generalmente vergonzosos). Sin embargo no es la primera vez que sucede, y especialmente en el r’n’b Pharrell Williams y sobre todo The Weeknd nunca han tenido reparos en juntarse con gente como Daft Punk, Kavinsky o Gesaffelstein. De esta unión han surgido pelotazos internacionales (Get lucky, Starboy, I feel it coming) y canciones con menos pegada comercial, pero ciertamente interesantes (Gust of the wind, Blast off, Odd look). También es cierto que, en el caso de Get lucky y I feel it coming, resultaban menos transgresores en su sonido, y claramente menos electrónicos. Sin embargo Starboy sí que aportaba uno diseño de producción ciertamente novedoso para los estándares comerciales, incluso para el panorama r’n’b más alternativo.

Por lo general estas colaboraciones transmiten una sensación de modernidad que se echa de menos en el ámbito mainstream, que últimamente además, tras la etapa tropicalista, está huérfano de tendencias predominantes (sí, está el reguetón, pero los anglosajones no se sumergen en él a la hora de crear, y lo que suena en sus países es música de origen 100% latino). Por ello, el pop y r’n’b, que siguen siendo los reyes, están viviendo una etapa un tanto aburrida. Incluso en la sección más alternativa, salvo que seas una Charli XCX y lleves la modernidad en la sangre, se echa en falta cierta chispa de esta apreciada cualidad. Por ello, dejar de mirarse el ombligo y virar hacia Francia podría ser una gran opción para subirse al tren de la contemporaneidad.

Madonna no lo ha aprovechado del todo en su reunión con Mirwais, ya que Music sigue sonando mucho más moderno que Madame X. Lo que demuestra que, a diferencia de otras modas, la francesa se mantiene casi inamovible en la cresta de la ola, salvo que te pases de conservador, lo que ha sucedido en este caso (incluso en American Life el productor estuvo más desatado). Hasta M83, sin contar con un sonido tan contundente y dance, sí que hizo buenas migas con The Killers en Shot at the night, aportando un la destreza sintética más sofisticada a la fórmula de la banda. Y por supuesto hay tropecientos más talentos franceses que pueden aportar su granito y ya de paso, ser descubiertos por un público mayor (al igual que hizo Madonna con Mirwais).

Además, a diferencia de otros países con músicas exclusivamente tradicionales, lo que dificultaría la adopción por parte de otras culturas (¿os imagináis, por ejemplo, a una Ariana Grande aflamencada?), Francia siempre ha gozado de una variedad musical muy amplia, generalmente más clásica, sí, pero en el caso de la electrónica se remonta, obviamente, a la últimas décadas. Por eso no suena fuera de lugar o incluso ridículo escuchar a The Weeknd en clave french-electro. Entonces, pocas excusas que no estén basadas en prejuicios les pueden frenar para subirse al carro. Un carro que siempre está ahí y que, sí se hace con inteligencia y ciertas dosis de respeto, puede renovar, al menos en parte, un panorama tan anodino como falto de garra y personalidad.

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