Lo más satisfactorio de las confirmaciones de Mad Cool 2020 es poder ver a los pollaviejas lloriquear

Como era de esperar, Taylor Swift y Billie Eilish han sido confirmadas como cabezas de cartel en Mad Cool 2020. Y por supuesto ha ardido Troya. La verdad es que últimamente el panorama festivalero, al menos el nacional, está de lo más interesante a nivel sociológico. Con cada nuevo anuncio, salvo que seas el San San, se lía parda con confirmaciones, generalmente provenientes del mundo del pop (incluyendo también al reguetón como nuevo pop), que se enfrentan a puristas, sobre todo rockeros, tanto del lado más comercial como indie (que a veces se pegan entre ellos), y en ocasiones también del lado electrónico (como la presencia de Bad Bunny en Sónar).

El festival madrileño siempre ha pecado de venderse y generar esa sensación de «todo por la pasta». Se les ve el plumero a la hora de arrimarse al árbol que más sombra da, por lo que su personalidad como evento musical es o ha sido casi nula. Esto unido a los defectos de organización que han ido lastrando su imagen, y que también fomentan en sus redes ese rollito instagramer estilo Dulceida de ir y hacerse fotos con la noria de fondo y los conciertos ya si eso tal, tampoco ha ayudado. Muchos han sido los que se lo han echado en cara. Tienen razón, pero me juego el cuello a que si en vez de pasar de Pearl Jam a Taylor hubiese sido al contrario, estarían callados como putas. Al final es la eterna lucha del rock contra el pop, y ese es el quid de la cuestión, más allá de que se vendan o dejen de vender.

La burbuja que separaba el indie, si es que alguien aún sabe qué significa, y lo comercial, estalló hace un tiempo, los festivales fueron tímidos en abrazarlo, pero ahora muchos van a por todas y no se cortan un pelo. Pero el público en buena medida sigue por detrás y son muchos los que no se quieren tragar la milonga de la diversidad. Y eso que, mientras actué Billie Eilish posiblemente vaya a haber otra opción más indie, rockera, electrónica, o whatever en otro escenario. Sin embargo esto se trata de orgullo: no quieren asistir a un festival donde equis banda rockera comparta cartel con estas poperas.

Al final suelen ser hombres heterosexuales los que opinan así, y las mujeres y homosexuales que haya entre ellos comparten estos manierismos de orgullo de machito. Porque al final se percibe a la legua el machismo inherente en este tipo de opiniones, porque, simplificando, el pop es blando y el rock es duro, y lo duro siempre es mejor. Algunos, con este tipo de opiniones, alegarán que todo se lleva siempre al terreno del feminismo y que este asunto no tiene nada que ver con ello, que solo se trata de calidad musical, y posiblemente dirían que el reguetón es casi exclusivamente de hombres y también echan pestes de él. En ese caso hablaríamos de clasismo y puede que también un punto de racismo. Todo tiene que girar alrededor del hombre blanco heterosexual, y solo una mujer, alguien LGTB o de otra raza sera aceptado si juega con los códigos impuestos por ellos.

El mundo evoluciona, y la línea de estos festivales, sea más honesta o simplemente por puro interés, también. Pero es la misma historia que desde hace unos años escuchamos constantemente: las minorías se revelan e incluso se hacen mainstream, y este tipo de individuo entra en cólera porque ya no es el centro del universo. La realidad es que sigue siéndolo, pero simplemente con que haya unos pocos ejemplos que muestren cierta diversidad, su ego se tambalea y de su boca sola salen las soplapolleces más sonrojantes. Porque sí, hablamos de pollas, de pollasviejas. Y en mi caso cada vez disfruto más viéndoles lloriquear. No puedo esperar al anuncio del cartel de Primavera Sound 2020.

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