Marina y Allie X en La Riviera, Madrid: nación pop

De no haberla casi visto por la capital o por España en general, este año Marina ha actuado un par de veces en Madrid, primero en Mad Cool en julio, y ahora en La Riviera, por primera vez en forma de gira propia. Por supuesto, a pesar de no haber llenazo absoluto (quizás algunos ya la vieron en el festival), la sala estaba a rebosar de, en su 90%, su público más fiel: el homosexual. Y claro, porque a veces los tópicos son ciertos, su show por momentos rozó el estilo eurovisivo (a veces incluso un poco José Luis Moreno), demasiado camp para mi gusto en ciertos fragmentos, tanto en lo que se refiere a vestimentas como proyecciones, e incluso en bailes. Sin embargo las canciones de la galesa están muy por encima de la mayoría de las que suenan en este tipo de espectáculos.

Hablando de canciones, que es lo que importa en un concierto de pop en mayúsculas, el equilibrio entre nuevas y antiguas resultó encomiable. De su algo insulso (pero no tan desastroso como muchos dicen) Love + Fear rescató por lo general lo más potable, con highlights como Handmade heaven para abrir el directo. A título propio, eso sí, hubiese quitado la demasiado obvia No more suckers por ese banger encubierto que es True. Y de sus temas previos, por lo general evidentes y muy agradecidos, como Hollywood, I’m not a robot, Froot, Oh no!, Primadonna o How to be a heartbreaker, el cierre, se mezclaban con otros que no todos esperarían, como Bubblegum bitch, Teen idle, Savages o el descarte I’m not hungry anymore. Todos además muy bien intercalados y divididos entre la sección Love y la sección Fear.

Marina es por supuesto un amor, cercana, sin soltar discursos que lastren el ritmo, y con momentos encantadores como cuando un chico del público le pidió matrimonio a su pareja y ella les dedicó la siguiente canción. Y siguiendo con el público, creo que nunca había presenciado uno tan fan fatal. Hasta los no singles de su nuevo disco los cantaban, si no de pe a pa, casi. Y es que, para quien no la conociese, podría pensar que se trataba de una gira de grandes éxitos. Por ello el ambiente era de comunión total y, al menos, a mí, no me tocó al típico que te berrea en el oído, aunque quizás otros no tuvieron tanta suerte (aun así no faltó el que delante de ti graba TODO el concierto). Con todo, vivimos una gran velada, quizás algo intrascendente por momentos, pero lo suficientemente divertida para querer que esta vez no tarde tanto en regresar de gira.

Antes pudimos disfrutar una escasa media hora de Allie X, donde se demostró desde el minuto uno que el sonido estaba de lujo calibrado, lo que también se extendió a Marina. La estadounidense tuvo que comprimir su setlist, por lo que lo centró en sus últimas épocas. Por ello, a título personal, eché de menos más temas de su debut, del que solo interpretó la enorme Bitch. Tan alto comenzó el concierto (con muchas personas del público cantando), que después el resto nunca alcanzó tal nivel de éxtasis, lo que no quiere decir que faltasen los buenos temas, aunque quizás resultaron más genéricos. Se agradeció la presencia banda (al contrario que Marina, que solo contó con un batería itinerante), que aunque casi prescindía de sección electrónica, adaptó muy bien su sonido al directo y no perdió sofisticación. Por cierto, sorprendente la destreza vocal de ella, aunque a veces se excediera exhibiendo su virtuosismo.

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