10 cosas que marcaron (para bien o para mal) este 2019

Antes esta sección anual se titulaba «10 cosas que nos sorprendieron (para bien o para mal) en…», pero entre los diez puntos que conforman esta edición de 2019 hay varios que no han sorprendido nada. Pero que, en su mayoría, nos siguen jodiendo igual.

La derecha revanchista

Con el cambio de alcaldías, la derecha se ha vuelto a hacer con el control de muchos ayuntamientos, por lo que la oferta musical en fiestas y demás eventos ha experimentado un giro (para nosotros, para peor, para qué negarlo). Sin embargo el verdadero drama ha sido la sensación de revanchismo que han transmitido debido a la cancelación de artistas que por ideas políticas no casaban con la derecha. Casos como el de Luis y Pedro Pastor en Madrid, Rozalén y Rayden en Oviedo o supuestamente (todavía está en el aire) Los Chikos del Maiz en Salamanca han levantado ampollas y para muchos les ha dejado todavía más en evidencia.

La izquierda políticamente correcta (y agotadora)

Sin embargo la izquierda dio la campanada en Bilbao con la cancelación de C. Tangana durante sus fiestas. A partir de ahí se generó un interesante debate, y es que, aunque muchas feministas estaban de acuerdo con la decisión, otras opinaban que les hacía un flaco favor. Que el madrileño no será el adalid del feminismo, es cierto, pero peores casos hay, quizás más sutiles y encubiertos, pero dañinos al fin y al cabo, y ahí siguen copando las fiestas nacionales de muchas ciudades y pueblos de España. Y ahí es cuando entiendes que la izquierda consiga menos votos y logros que los que debería.

La música es política, asumidlo

Muchos siguen pensando que la política no debería mezclarse con la cultura en general y la música en particular (cuando los dos puntos de arriba dejan claro que resulta inevitable). La realidad es que, de manera más evidente o no, cualquier discurso está politizado, porque la política es ideología y la ideología impregna el arte y nuestra vida diaria. Muchos artistas no se han cortado, especialmente en sus declaraciones, en echar pestes de equis partido, especialmente de ultraderecha. Y claro, que alguien como Rosalía haya manifestado de manera tan clara (y puede que simplista, pero ese es otro tema) su rechazo hacia VOX, ha supuesto un paso para adelante para la música nacional. Aunque en su caso quizás se deba porque no depende de bolos pagados con dinero público, pero algo es algo. Y no nos olvidemos en el plano internacional de Taylor Swift, que, aunque algo tarde, se ha desmelenado apoyando sin remilgos a los demócratas (me niego a tildarles de izquierda).

Los grandes festivales liberados

Durante los últimos dos años se palpaba que el panorama festivalero nacional estaba mutando, pero ha sido 2019 el punto de inflexión, especialmente con la última edición de Primavera Sound. Por ello, que las estrellas del pop y del reguetón lideren los carteles de los festivales más importantes del país, ya no resulta excepcional. En 2020 sigue la evolución, con cabezas como Taylor Swift en Mad Cool, Bad Bunny en BBK Live o el FIB y esa mezcla entre el indie NME de 2005 con el EDM de esta década.

Pero también en horas bajas

Porque estamos en una época de transición, y generalmente los cambios traen consigo inestabilidad, en este caso en lo que se refiere a venta de entradas. Las buenas cifras no han acompañado a los grandes festivales, y en el caso de FIB y Sónar resultaron algo alarmantes. También pudieron influir otros factores (el cambio de fecha en el caso de Sónar, por ejemplo), pero no hay duda de que evolucionar conlleva cierto riesgo. Habrá que esperar a 2020 a ver cómo deriva el asunto.

Pollaviejas on fire

Este cambio de tendencia, al que también se han sumado los medios, ha provocado gran cantidad de «me enfado y no respiro» entre melómanos varios (generalmente rockeros). El drama recae especialmente en reguetoneros y poperas, que han quitado espacio al hombre blanco y hetero con guitarra en mano. La globalización de la cultura y el avance del feminismo es lo que tienen (aunque el reguetón suele chocar con el feminismo). Siempre les quedarán los festivales 100% rockeros (que también están haciendo cierto esfuerzo por la paridad).

La reafirmación de Rosalía

Sí, muchos estáis hasta el gorro de ella, pero durante 2019 su presencia mundial de ha disparado. Con sus dos temas reguetoneros ha conseguido cifras de escándalo; nominaciones a premios internacionales que dan exactamente igual, pero que aportan visibilidad; colaboraciones de alto standing (la última hoy con Travis Scott); giras multimillonarias. Pero no solo éxito a nivel comercial, sino que, ella que es muy lista, te saca temas más experimentales o en catalán y sus fans más alternativos se sienten satisfechos. Ella tiene para todos, y todo lo hace bien, y así estamos ante la mayor estrella de nuestro país y fuera de él en mucho, mucho tiempo. Para orgullo de España, ella.

La industria musical española sigue a su bola

La catalana es la más nominada en los Premios Odeón, unos nuevos premios nacionales que se han sacado de la manga y que supuestamente son los sucesores de los Amigo (si es que alguien se acuerda de ellos). Lo de Rosalía, genial, porque tanto artística como comercialmente es un fenómeno, pero el resto de nominados se basan simplemente en ventas o supuesta popularidad y al final están los mismos de siempre. Porque según la organización estos galardones son un «reflejo absoluto de los gustos del público». Vamos, que entre los premios de Los 40 y estos no hay distancia alguna. Artistas alternativos que quizás no son tan populares, pero que llenan y venden más que la mayoría de los nominados, ni aparecen. Un intento de hacer unos Grammy a la española que se queda a medio gas. Lo que tampoco saben es que los Grammy no valen una mierda.

Las mujeres dominan el indie (y la música en general)

FKA Twigs, Sharon Van Etten, Charli XCX, Kate Tempest, Solange, Lana del Rey, Ariana Grande, Weyes Blood o Billie Eilish han acaparado las listas de lo mejor del año, y en muchos casos también los streamings y ventas. Y aquí es cuando los pollaviejas se deberían callar un poquito y comenzar a apreciarlas (cosa que no hacen). Ellas han definido este final de década, y seguro que la que viene también lideran una revolución cultural que era justa y necesaria. Desde una superestrella como Ariana a una casi desconocida como Hatchie, todas tienen su hueco y aportan su granito.

Lana del Rey ya era lo puto más antes

No cabe duda que, conforme pasaban los discos, hemos descubierto a una Lana más honesta, alejándose del personaje por el que la conocimos. Sin embargo, ya desde su debut podía presumir de su valía artística más allá de la pose, y sin embargo ha tenido que pasar casi una década para que ahora goce de la validación total de medios (y posiblemente de festivales antes más cerrados como Primavera Sound, porque en 2020 se atisba su presencia, ¿no?). ¿Por qué ahora es más auténtica? ¿Su sonido se antoja menos engalanado? Sí, pero hay tanta grandeza en un Born to die como en un Cinnamon girl.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.