Angel Olsen en But, Madrid: perfecta ejecución, fría en emoción

Cuando vi por primera vez a Angel Olsen en 2017 pensé que la estadounidense en directo resultaba técnicamente perfecta, pero que se echaba en falta emoción (y tres amigos con los que estaba opinaban lo mismo). Y, aunque es verdad que como concepto no es la alegría de la fiesta, ni su música ni su interacción hacia el público, he disfrutado de otros artistas sobre el escenario del estilo y me han emocionado sin esfuerzos. ¿Qué le faltaba a ella? Sería difícil de decir, porque el arte no se puede calificar como un examen de matemáticas.

Sin embargo, con su regreso a España, ahora actuando en salas, pensé darle otra oportunidad porque quizás ese directo nos pilló a contrapié (aunque que le suceda a cuatro personas, era mucha casualidad), y además porque su All Mirrors no es solo uno de los discos del año, sino de la década. Por si fuera poco, gracias al sonido más barroco del álbum, contaba con la presencia de una sección de cuerda. Así comenzó el concierto haciendo gala de uno sonido nítido y expansivo, posiblemente el mejor que haya disfrutado en But en mucho tiempo.

Además abrir con All mirrors es apuntar alto, y por supuesto sonó perfecta, pero de nuevo se asomó el fantasma de la indiferencia emocional. Continuó desgranando su último largo y no fue hasta el cuarto tema, Lark, cuando consiguió hacer reaccionar algo dentro de mí. Y aun así, me dejó a medias respecto a la canción en estudio. ¿Dónde ha quedado esa emoción bigger than life del vídeo y canción?

Cuando comenzó con la sección de los clásicos, alguno se quedó a medio gas como Shut up kiss me, que perdía el descaro del original (y eso que sonó igual… o justo por ello), y otras como Windows, posiblemente el mejor momento de velada, pudo ponerme los pelos de punta (aunque el momento fue ligeramente arruinado con unos arreglos pomposos que no favorecen en nada la sencillez de la original). Y en el caso de Acrobat directamente aburrió. Y no lo voy a negar, tras Endgame, recé para que no hubiese un bis, pero volvió a reaparecer con Chance, que finalmente casi mejor ya que cerró el concierto más dignamente.

Me fastidia hablar de ella en estos términos, pero es que no percibo casi conexión con su obra en directo (otro amigo con el que fui, y que también estuvo en el Primavera, compartía mi opinión; a otro sin embargo le gustó, pero sin excesos). Y es que es como si la Angel del estudio y la del directo fueran diferentes artistas. ¿O quizás justo lo contrario y sean la misma? Puede que ahí radique el problema, porque en directo suena de lujo, como el disco, pero todo peca de plano, sin aportar la emoción e intensidad que el escenario exige.

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