10 años de «Body Talk» de Robyn: ¿el mejor álbum pop de la pasada década?

Cuando pasan 10 años de uno de tus discos favoritos suceden dos cosas: te sientes muy viejo y, si hace tiempo que no lo escuchas, recuperarlo es todo un placer. Por nostalgia, sí, porque rememoras aquellos momentos en los que fue LA banda sonora. Y en el caso de Body Talk porque, en sí mismo, era un gran álbum. Y sigue siéndolo. Porque el pop de Robyn, obviando modas y nuevas tendencias en sonidos, a día de hoy sigue resultando fresco y puntero.

Aún recuerdo que el primero single, Dancing on my own, se estrenó durante la primavera de 2010. Obviamente ya era seguidor de la sueca y me gustó en primera instancia, pero no valoré su magnitud hasta que la pude bailar en el legendario parking del Eroski al lado de donde se celebraba el antiguo SOS 4.8. Ya no solo era su madera de hit, es que la etiqueta de himno pop se le quedaba corta. Ideal para llorar y bailar en la pista de baile, entre los amantes del alt-pop se convirtió en un clásico instantáneo. Sin embargo gozó de un recorrido de casi dos años en el que su éxito fue creciendo hasta llegar a ser una de las canciones más celebradas en todos los ámbitos de la pasada década. Una pena que algunos solo conozcan la aburrida versión acústica de Callum Scott.

La pregunta después de comprobar la grandeza del tema era: ¿el disco se mantendrá a la altura? Como muchos sabéis, este se dividió en varios volúmenes, Pt. 1 y Pt. 2, y después la versión definitiva. Y sí, tanto en sus partes como al completo, el álbum cumplía las expectativas. Quizás no había un tema tan potente como el single (aunque la enorme Call your girlfriend le pisa los talones), pero por lo general parecía un recopilatorio más que un disco al uso. Y no en el mal sentido de que ninguna canción tenga que ver con la siguiente, sino en su propuesta de hit tras hit. Y además, a pesar de que el dance pop (más pop que dance por lo general) era el lazo de unión entre todos los cortes, se podía encontrar atisbos de otros géneros (trance, pop-rap, reggae, electro-pop…), y la producción también era lo suficientemente variada para que a pesar de la cohesión, no resultase monótono.

Las cuerdas de Indestructible, la sensibilidad de Hang with me, el tortazo que es Don’t fucking tell me what to do, la modernidad electrónica de None of dem, el colorido sonoro de In my eyes, la inocencia de Stars-4-ever… A pesar de que Dancing on my own ha eclipsado de alguna manera al resto de canciones y del largo como conjunto (para muchos fue la mejor canción de los 2010; en nuestro caso la segunda), este también copó las listas de lo mejor de la década, en dura pugna con su sucesor, Honey. Sin embargo, en términos pop, el primero es una obra redonda, mientras que el segundo opta por una fórmula más sutil y experimental. Y aquí lo que nos pirra es el pop, para qué negarlo (dentro de que el otro es también una gran obra). Y diez años después Body Talk sigue sonando atemporal y tan divertido y emocionante como antaño. Se echan de menos discos pop como este también. Y respecto a la respuesta a la pregunta del titular: si no lo es, poco le queda.

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