2021 está siendo (por ahora) un año infumable musicalmente hablando

Llevamos prácticamente tres meses de 2021, y el que iba a ser el año de la resurrección a todos los niveles, parece que, por ahora, naranjas de la China. Las vacunas están tardando más de lo esperado, por lo que la tan ansiada normalidad todavía queda lejos. Y la pandemia, como a cualquier otro ámbito, también afecta al mundillo musical.

Porque va a seguir siendo un año sin festivales y con conciertos de escaso aforo y muy limitados (ya veremos si, por ejemplo, hay grandes conciertos como el de Dua Lipa en octubre). Pero eso ya lo asumíamos los más pesimistas y/o realistas. El problema de que 2021 esté siendo un muermo es básicamente por los lanzamientos. Gracias a Dios la semana pasada tuvimos lo nuevo de Lana del Rey, pero por otra parte también parece la Lana más adormilada (lo que ya es decir). Pero menos da una piedra.

Sin embargo, aunque obviamente hay buenos discos, no destaca ninguno. Ni si quiera el de Bad Gyal, que nos podía hacer mover el culo, llega a codearse con lanzamientos pasados. En España, el de Maria Arnal i Marcel Bagés ha dado un golpe sobre la mesa, gracias a Dios, pero poco más que realmente llame la atención. En el ámbito comercial internacional Selena Gomez o Justin Bieber pinchan soberanamente, y quizás solo el de Zara Larsson, sin noquearnos, nos da alguna que otra alegría pop. En el indie (ese concepto cajón desastre donde casi todo cabe) nos han llegado los de Julien Baker, Danny L Harle o Cassandra Jenkins, pero tampoco mucho más.

Que sí, que en lo que se refiere a álbumes los primeros meses del año no suelen ser los más fuertes, pero es que los anunciados para los próximos meses tampoco es que parezca que nos vayan a dejar en shock. El de St. Vincent quizás lo haga ligeramente, y en menor meduda el de Wolf Alice o London Grammar. Y en lo que se refiere a nuevos nombres para posar nuestras miradas sobre ellos, tampoco está el tema para tirar cohetes.

Ni si quiera si nos limitamos a canciones o hits el asunto mejora. Seguimos con la resaca del año pasado de grandes éxitos de Dua Lipa o The Weeknd, pero recientes más bien poco. El mismo reguetón de sota, caballo y rey (aunque Bad Bunny salva los muebles con Daikiti). Y la canción que más lo ha petado mundialmente, Driver’s License de Olivia Rodrigo, es una valeriana de tomo y lomo.

Casi lo más llamativo del año han sido dos tristes noticias: la muerte de SOPHIE y la disolución de Daft Punk. Ese es el nivel. Y es que parece que la pandemia ha dejado al mundo musical sin ganas de hacernos vibrar. Por desgracia resulta comprensible, ya que la recesión económica implica que las ventas bajen. Pero sobre todo es la ausencia de giras y festivales lo que provoca que los planes de lanzamientos echen el freno, ya que ya se sabe que el directo es lo que más ingresos genera. Y también provoca que cueste más que nuevos nombres salgan a la palestra cuando sus expectativas de obtener un mínimo de beneficios se basa en los conciertos.

Por ello habrá que asumir que, como en otros campos, la música no vaya a despegar durante 2021 y haya que esperar hasta 2022 para vivirla en su máxima plenitud. Eso sí, seguro que hay dónde rascar en diciembre para elaborar una lista, al menos, maja. Pero sí, será un año que posiblemente olvidemos con facilidad musicalmente hablando.

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