Lorde es un verso suelto del pop actual (y se agradece)

Ayer se estreno Solar Power, el esperado regreso de Lorde tras cuatro años desde el grandioso Melodrama, uno de los mejores discos de la pasada década. ¿Y qué es lo que tenemos? Un tema de corte semiacústico producido por Jack Antonoff, con los coros de Clairo y Phoebe Bridgers, que recupera en cierta medida el sonido Madchester de clásicos como Movin’ Up de Primal Scream o de Freedom! ’90 de George Michael, que llevó estas influencias al ámbito comercial. Un adelanto de un disco que se titulará de igual forma y que llegará en algún momento de 2021.

Lo más llamativo de él es que no tiene la fuerza de un primer single tan potente como fue Green light, que posiblemente no era el mejor exponente del álbum, pero sí el más radiable. Por supuesto por ahora desconocemos si este el caso, pero de primeras tampoco se puede decir que se trate de su canción más comercial. Es accesible, sí, y tiene pinta de grower, pero parece que carece del «punch» que se exige al adelanto de un futuro disco. Pero la pregunta es, ¿en qué momento pensamos que Lorde era como cualquier estrella del pop?

Es verdad es que su salto a la fama fue meteórico, con un Royals que sonó hasta la saciedad. Pero ya de primeras sabíamos que no era una Katy o similar, sino que tenía ese punto raruno que hacía que su presencia en listas de ventas y streamings en el futuro fuera más complicada que para otras coetáneas. Por lo general a Pure Heroine no le fue nada mal, incluso Team fue bien acogida, pero tampoco estuvimos ante uno de esos discos que regalan tropecientos singles cada uno más exitoso que el anterior. Porque Lorde nunca fue carne de Billboard, aunque se aprovechase de ello en sus primeros momentos. Y no tenía pinta de que se fuera adaptar a sus reglas.

Y es que si Bowie te dice que eres «el futuro de la música», posiblemente no vayas a ser número uno en el top 100 más de una vez. Ni falta que le hace a ella, ya que en su siguiente paso artístico, ser la productora ejecutiva de la banda sonora de Los juegos del hambre: Sinsajo, escogió a nombres punteros de ayer y de hoy que quizás no congeniaban en una peli yanqui tan comercial: Grace Jones, Stromae, Simon Lebon o Bat for Lashes, entre otros. Y por supuesto funcionó. Posiblemente recibió alguna presión para incluir a ciertos artistas (como Ariana, que no pega ni con cola), pero se notaba la mano de la neozelandesa.

Sin embargo fue la etapa Melodrama el que supuso un golpe en la mesa para la industria. De primeras, porque lo publicó casi 4 años después de su debut, lo que en el pop es una eternidad, salvo que tuvieses la suerte de alargar la vida de aquel hasta un par de años con miles de singles. Después un Green light, que, aunque como he comentado, es un single potente, también resulta complicado en su propuesta para las listas. No arrasó pero los resultados fueron más que decentes, y sin embargo ha sido un éxito más a largo plazo que del momento, a diferencia de lo que sucede con otras estrellas del pop. Lo mismo pasó con Ribs de su debut, que ni si quiera se publicó como single y que lleva un par de años como su canción más reproducida semanalmente. Porque salvo Royals, nada de lo que lanza Lorde es de consumo inmediato, y eso que hablamos de pop en mayúsculas.

Tampoco hay que olvidar que, tras ser nominada a mejor álbum del año en los Grammy, se negó a actuar porque le obligaban a hacerlo acompañada de otro músico popular. Esta fue la mejor muestra de dignidad y amor propio que una artista pueda expresar. Obviamente la actuación le habría beneficiado, pero su valor como artista está por encima. La mayor concesión comercial en esta época fue la presencia de Post Malone, SZA y Khalid en la remezcla Homemade Dynamite, suponemos que para remontar un disco que comercialmente estaba casi muerto. Posiblemente ella ni pinchó ni cortó en esta revisión, y es de esperar que deje alguna licencia de este tipo al sello. Mientras no le cuelen una colaboración forzada en el propio álbum, todo bien.

No cabe duda que la injusticia hacia Melodrama fue máxima, en unos años donde además la melodía más o menos elaborada se había perdido por canciones con estribillos más simples que el mecanismo de un yoyó. Quizás ahora le habría ido mejor, como a los más reciente éxitos de The Weeknd o Dua Lipa, que dejan claro que las melodías no estaban muertas, estaban de parranda. Pero injusticas aparte, Lorde, en su escueta carrera, siempre ha demostrado que su pop nunca fue de usar y tirar, aquel que genera un subidón de azúcar momentáneo y luego olvidas para siempre. La profundidad de su música deja un poso que quizás no todo el mundo está dispuesto a pararse a apreciar si no se lo dan mascado desde el minuto uno. En una era de música fast food, y más ahora por la influencia de Tik Tok, se agradece un verso libre como ella.

Lorde actúa el segundo fin de semana de Primavera Sound 2022.

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